Cuando la PUCP también hizo un cobro extra

El egresado que nos proporcionó la información estudiaba en la Facultad de Derecho cuando acaecieron los hechos que vamos a relatar. Hoy en día esa persona es un egresado más.

En un día de setiembre del año 2002, pocas horas después del almuerzo, se escucharon una serie de disparos hechos con armas largas, lo que propició el pánico. Los presentes en el campus empezaron a gritar y correr; otros, a fisgonear qué sucedía. De inmediato, a través del boca a boca, los presentes aquel día en el campus universitario entendieron la verdad: un grupo de asaltantes ingresaron al campus, se dirigieron a la Tesorería General y en pocos minutos tomaron el dinero que encontraron y se marcharon por la puerta ubicada en la avenida Riva Agüero. Los disparos solo fueron hechos para asustar a los estudiantes y a los escasos policías y agentes de seguridad de la PUCP.

Por seguridad, se pidió a los estudiantes que regresaran a sus hogares y dejen el campus para que la policía pudiera realizar las investigaciones necesarias. Al día siguiente todo volvió a su cauce normal.

Unos días después, nuestro informante conversaba con un amigo que estudiaba Administración. Como el asalto a la PUCP estaba aún fresco, hablaron del tema. Dijo que la universidad, en el fondo, era un negocio y que vivía de sus ingresos. Hizo un cálculo, el total de estudiantes en ese tiempo promediaba la cifra de 15 000. Considerando que la pérdida por el robo ascendía a los 30 000 soles, la universidad iba cobrar a los alumnos aproximadamente dos soles más en la siguiente boleta.

Y así fue. En el mes de octubre se emitió la boleta correspondiente en la que, adicionalmente, aparecía un cobro extra de dos soles y centavos justificados con un término técnico poco entendible. Nadie protestó. O bien los estudiantes no descubrieron el cobro extra, o bien lo aceptaron porque era un monto pequeño.

En los últimos años hemos asistido a un acto delictivo: el incremento excesivo de la mora si las boletas no eran pagadas a tiempo. Esta práctica alcanzó montos que no eran permitidos por la legislación peruana. Todos conocemos el motivo: la PUCP se vio en la necesidad de cubrir los gastos que le ocasionaba el litigio con la Iglesia Católica.

Es cierto que los estudiantes recuperaron el dinero que la universidad había recabado a través de los cobros ilegales. Según la PUCP, el monto a devolver ascendía a 30 millones de soles aproximadamente. La pregunta cae por sí misma: si por la pérdida de 30 000 soles cobraron 2 soles y centavos a cada alumno, en el año 2002, a raíz del robo a la Tesorería General, ¿cuáles serán las artimañas a la que recurrirá la PUCP para cubrir la pérdida de los 30 millones de soles que devolvió a los estudiantes por los cobros indebidos?

Nos queda claro a todos que 30 millones de soles no es dinero fácil de conseguir; esos egresos de los fondos universitarios deben haber dejado un gran vacío difícil de cubrir. Aquí hay más dinero en juego y no sería la primera vez que las autoridades de la PUCP podrían recurrir a prácticas sucias. Solo nos queda estar atentos para evitar un abuso más, algo que los estudiantes no merecemos.

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