Historiador Daniel Parodi, acosador

El 20 de noviembre de 2020, a través de la página de Facebook “Profesores Acosadores Peruanos”, se hizo conocida la denuncia de una alumna de la PUCP hacia el profesor Daniel Parodi, quien es historiador de profesión y, por eso mismo, dicta cursos de historia en el campus universitario.

A los pocos días de hacerse pública esta denuncia, el historiador Daniel Parodi colocó su cuenta de Twitter en modo de “tweets protegidos”. De esa manera, solo aquellos que eran aprobados por él podían conocer el contenido de su cuenta y, además, protegía a Daniel Parodi de ser interrogado por otros sobre el acontecimiento que vamos a narrar a continuación.

La víctima es una alumna, cuyo nombre se mantiene en reserva. Su relato comienza con que en el primer ciclo de estudios se inscribió en el curso de Historia de Daniel Parodi, por una recomendación recibida. Según la víctima, entendió que el historiador era un profesor que solía hacer bromas. Aparte de eso, desde el inicio, el profesor creó un grupo de Facebook en el cual agregó a los alumnos de su clase. Estos eran aproximadamente 60 estudiantes.

La alumna en cuestión se sintió acosada desde un primer momento; el profesor tenía una fijación particular en ella, en su nombre, en su apellido. Todo parecía en plan de hacer diversión para amenizar la clase. Luego, Daniel Parodi empezó a decirle que era guapa e inteligente: la alumna consideraba que esas cosas estaban fuera de lugar.

Posteriormente, las situaciones de acoso de Daniel Parodi se incrementaron. Por ejemplo, al momento de repartir los exámenes calificados, si el profesor encontraba el examen de la alumna acosada, en lugar de entregarlo inmediatamente solía decir: “no, tal persona para el final”. Llegado a este punto, la clase había percibido lo que sucedía; los compañeros de clase de la acosada le preguntaban qué sucedía entre el profesor y ella y cómo se sentía al respecto.

Además, el historiador Daniel Parodi empezó a dirigirse a la alumna en un tono aún más atrevido. La víctima cuenta que todas las mañanas desayunaba pan con hot dog, algo que realizaba fuera del aula. El profesor empezó por decirle “buen provecho”, “qué rico comes”, o aún peor: “cómo te gusta comerte el hot dog”, siempre con un tono sexual.

Como consecuencia de los acosos del profesor, la alumna empezó a dejar de asistir a las clases del historiador Daniel Parodi. La víctima comenzó a odiarlo: no quería escucharlo ni verlo. Las veces que la alumna no asistía recibía mensajes de sus compañeros diciéndole que el profesor estuvo preguntando por ella y le cuestionaban por qué preguntaba siempre por ella.

Entonces, el acoso se volvió de modo virtual. Por ejemplo, si la alumna escribía públicamente en Facebook “¿alguien por Miraflores?” como consecuencia, el profesor Daniel Parodi le escribía por mensaje privado que debía haberle avisado antes, que él estuvo en Miraflores pero que la próxima vez deberían acordar para cenar. La víctima de acoso empezó a temblar de miedo, deseaba bloquearlo, decirle que le hacía sentirse muy mal. Sin embargo, como era su profesor, decidió no hacerlo por miedo. Pensaba que nadie le creería, que ella se lo buscó o que debió bloquearlo desde un principio.

Hasta que llegó la situación límite. Cierto día, el historiador Daniel Parodi escribió en Facebook que el vecino de tres años de edad, sin querer, había visto a la alumna acosada saliendo de la ducha. Para el profesor, eso era una broma más. Luego, el historiador Daniel Parodi añadió algo como que nunca había envidiado tanto a un niño de tres años. Los amigos de la víctima, a través del Facebook, le respondieron masivamente al profesor acosador. Luego, el profesor le escribió por mensaje privado de Facebook. La víctima, según su relato, no recuerda bien qué cosas le dijo el profesor.

La alumna acosada habló con sus amigos sobre lo que estaba viviendo. Por otra parte, un jefe de práctica la motivó a que denuncie al profesor ante la Defensoría Universitaria. A pesar de esto, la víctima no lo hizo puesto que seguía siendo alumna del historiador Daniel Parodi y creía que él podía perjudicarla causándole problemas en la universidad.

Tras pensarlo mucho, la alumna acosada decidió contactar a la Defensoría Universitaria. Averiguó cómo funcionaba y si sería un lugar seguro para su denuncia y ella, pero la alumna no se sintió convencida de ello. Luego hubo problemas, cambios en la dirección de la defensoría y el ciclo terminó. Su suplicio se había acabado. Ya no tendría más contacto con el profesor acosador.

Finalmente, la alumna reflexiona con que el historiador Daniel Parodi sabía que a ella no le gustaba sus comentarios, que le causaba miedo, que sabía muy bien que estaba cometiendo actos de acoso, que ciertamente él poseía un lugar de poder en la PUCP y si ella le denunciaba, el historiador Daniel Parodi podía hacerla quedar como una loca ante los demás.

La alumna concluye que ahora aprovecha cada espacio que se le presente para expresarse sobre este tema y que no tiene miedo de hacerlo.

Como hemos leído en este caso, el profesor aprovechaba su posición de privilegio, sus estatus como intelectual prestigioso y así, abiertamente, cometió una serie de actos inaceptables en la relación docente-estudiante. Por otra parte, en tanto acosador, el historiador Daniel Parodi recurrió a una plataforma como Facebook, ajena a la universidad, como instrumento para continuar con su propósito de acosar a la alumna.

Los actos de acoso del historiador Daniel Parodi terminaron siendo lesivos para la víctima. Eso es muy lamentable para la imagen de la PUCP, universidad que presume ser excelente en todos los aspectos posibles. Una vez más, debemos recordarlo, poseer excelencia académica no significa tener excelencia moral. El historiador Daniel Parodi se suma a la lista de los infames acosadores de la PUCP. Esto es algo realmente triste.

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