Los testimonios contra Luís Jaime Castillo Butters

Las conclusiones de la Comisión Especial, que investigó los casos de acoso sexual de Luís Jaime Castillo Butters, no indican sanción alguna contra el mencionado profesor y reputado arqueólogo. Entonces, consideramos que no se les está haciendo la merecida justicia a las víctimas, todas ellas mujeres; más aún cuando muchos sostienen que Castillo Butters era bien conocido por ese tipo de malas prácticas.

Por eso mismo, en un afán de sumar esfuerzos y difundir información relevante sobre acosos sexuales en el ámbito académico peruano, creemos conveniente —desde este humilde espacio— realizar una traducción de los siete testimonios que aparecen en el blog de Michael Balter, que incriminan a Castillo Butters, y por los que estuvo bajo investigación de la PUCP.

 

Estudiante A

Es una académica de origen latino en Estados Unidos. Mientras era una estudiante graduada de una universidad estadounidense empezó a interesarse en unos objetos culturales de una antigua civilización andina. Viajó a Perú para trabajar en San José de Moro por la recomendación de varios consejeros, quienes le dijeron que debería trabajar con Luís Jaime Castillo Butters si quería convertirse en una arqueóloga andina.

“Comencé atestiguando un montón de comportamientos inapropiados y una cultura de masculinidad tóxica practicada en todos los niveles”, dice. “Todo el mundo dormía con todo el mundo, el exceso de bebidas alcohólicas era la norma, y los profesores afiliados sabían sobre esto y toleraban estos comportamientos”. Sin embargo, dos aspectos de la cultura en el complejo arqueológico la molestaron: Luís Jaime Castillo Butters frecuentemente comentaba que las mujeres en ese lugar, incluso ella, deberían vestir menos ropa durante las excavaciones. Luego, la manera cómo los trabajadores peruanos eran tratados por los arqueólogos peruanos y norteamericanos que trabajaban allí.

Estudiante A enfrentó a otros profesores y asistentes de docencia en San José de Moro por el extendido trato promovido en el sitio. Como resultado de eso, dice, Luís Jaime Castillo Butters tomó represalias contra ella e intentó privarla de trabajar en el Perú. Castillo Butters dijo a varios arqueólogos andinos que ella era una “pleitista” y no era colaborativa en el campo. Luego de entender que este tipo de comportamiento masculino y problemático era endémico en la arqueología, decidió dejar la profesión y perseguir otras metas.

“Nada de lo que estoy compartiendo contigo es un secreto”, le dijo Estudiante A (a Michael Balter). Esto es conocimiento de todos.

Otro miembro del colectivo de mujeres (que se comunicó con Michael Balter) explica que Castillo Butters tiene el poder de rechazar estudiantes como a colegas superiores y regularmente hace uso de eso. “Nos dijeron que esa es la persona a la que tú necesitas impresionar y hacer feliz. Si tú deseabas hacer algo en Perú, en arqueología, él es la única puerta”.

 

Profesor A

Fue una de los tantos consejeros de la Estudiante A en la universidad donde esta se graduó. En una conversación telefónica a inicios de junio, Profesor A respaldó lo relatado líneas arriba, diciendo (a Michael Balter) que Estudiante A le reportó todos estos eventos en el momento. “Ella peleó por largo tiempo para mantenerse en la arqueología”, dice, “pero al último fue inútil”. “Luego de su segunda temporada con Luís Jaime Castillo Butters fue realmente cuando entendió que ya era suficiente. Estaba realmente trastornada. Estuvo muy emocionada de ir a una excavación arqueológica. No podía dejar de llorar. No podía creer que esta es la manera en que la arqueología funcionaba”.

 

Estudiante B

Trabajó en San José de Moro varios años, incluyendo el tiempo en que Estudiante A estuvo allí. Atestiguó todos los episodios que esta relató líneas arriba, incluyendo el constante sexismo y las burlas homofóbicas hacia un estudiante LGBT y el tratamiento miserable a los trabajadores peruanos por parte de Castillo Butters. Dice que a ella se le acercaron varios trabajadores para que abogara por ellos ante Castillo Butters porque ellos temían represalias del arqueólogo y su equipo. A pesar de que Estudiante B no era el blanco del intenso acoso sexual de Castillo Butters, al margen de comentarios acerca de su cuerpo y peso y sugerencias de que use menos ropa, Castillo Butters le ocasionó ciertos problemas que hicieron su trabajo difícil y puso obstáculos en el camino de Estudiante B para la obtención de su doctorado. Estudiante B, para evitar ser identificada, no especificó a Michael Balter cuáles fueron esos problemas. Otro caso que evidencia el comportamiento vengativo de Castillo Butters.

 

Profesor B

Es miembro del colectivo de mujeres. Ha conocido a Estudiante A y Estudiante B por varios años. Profesor B confirma que las dos estudiantes le hablaron acerca de la conducta de Castillo Butters, incluyendo los episodios relatados líneas arriba, al poco tiempo que sucedieron. Profesor B me comentó, en primer lugar, cómo Castillo Butters se volvió tan poderoso en Perú.

“Desde joven estableció conexiones con la academia norteamericana. Ser uno de los pocos estudiantes peruanos graduados en Estados Unidos, en aquel tiempo, le ayudó a obtener poder. Castillo Butters cultivó aquellas amistades extranjeras (por ejemplo, con Gary Urton en Harvard) y buscó a gente poderosa y bien conocida en Estados Unidos para ganarse su simpatía”. Profesor B añade: “Usando su poder de influencia, es capaz de inducir a jóvenes arqueólogos hacia su órbita, prometiéndoles un futuro en la arqueología”.

 

Estudiante C

Es una exestudiante peruana de arqueología que trabajó en San José de Moro solo un año. Durante ese tiempo, le dijo a Michael Balter, Castillo Butters persistentemente la presionó para ir a la cama con él, prometiéndole abiertamente que ella recibiría más responsabilidades en la excavación si ella lo hacía. Estudiante C rechazó a Castillo Butters con gran dificultad. No se sintió cómoda para decirle a otros estudiantes o a sus colegas superiores lo que estaba sucediendo. (“Realmente estuve asustada”, le dijo a Michael Balter). Estudiante C dejó la arqueología poco tiempo después y contó su caso a unos pocos amigos antes de que viera los posts de Michael Balter en redes sociales sobre estos casos.

 

Estudiante D

Es una exestudiante de la PUCP, donde Castillo Butters enseña. Es peruana también. Dice que Castillo Butters no la apresuró para dormir con él, pero constantemente flirteaba con ella —incluso algunas veces en clase— e intentó llevarla a “tomar unos tragos” fuera de clases. Efectivamente, Estudiante D lo hizo, pero se las arregló para evitarlo posteriormente.

 

Estudiante E

Es otra estudiante estadounidense que trabajó en San José de Moro alrededor del tiempo que Estudiante A y Estudiante B lo hicieron. Castillo Butters “realmente sabe cómo usar su poder y cómo asustar a la gente”, dice Estudiante E en referencia a las habituales amenazas legales contra los testigos.

Estudiante E se describe como “una linda chica blanca”. Dice que ella y otras estudiantes frecuentemente vestían pequeñas ropas dentro lo que consideraban decente debido al calor extremo durante las excavaciones, frecuentemente sobre los 100 grados F (37 grados C). Sin embargo, Castillo Butters frecuentemente les sugería vestir ropas aún más pequeñas. Un día, Estudiante E dice, estuvo excavando en shorts y sostén deportivo cuando Castillo Butters apareció para decirle que unos representantes de una organización, que estaba considerando darle una subvención al proyecto, les visitarían ese día. “Necesito que te vistas así”. Estudiante E dice que Castillo Butters se lo pidió y ella lo hizo.

En otras ocasiones, Estudiante E dice, Castillo Butters le pedía que se vistiera especialmente y baile con los hombres visitantes, dignatarios y otras personas notables que venían a San José de Moro. “Él me pedía también para que me sentara con los hombres en la cena o en el almuerzo e incluso que lo acompañe a otras fiestas para el entretenimiento de los visitantes”, dice.

“Fui usada como una dama de compañía”, dice Estudiante E. “Nunca fui agredida, dice, pero Castillo Butters se comportó conmigo como un proxeneta. Él me utilizó de maneras inapropiadas”. Estudiante E dice que ahora se siente muy culpable por lo que permitió, pero siente que tuvo que hacerlo para progresar en la arqueología. Hoy cree que fue parcialmente culpable por lo que sucedió, usándolo para su provecho, y por no resistirse a los pedidos de Castillo Butters.

 

Adenda

Como es de conocimiento, la Comisión Especial solo consideró para su investigación los testimonios de las dos profesoras y las cinco alumnas que aquí presentamos traducidos. No obstante que haya pasado casi desapercibido, existe un testimonio más que Michael Balter lo denomina Estudiante F (Student F), quien también se manifiesta contra Castillo Butters. A continuación, presentamos su traducción.

Estudiante F

De acuerdo con las palabras de Michael Balter, Estudiante F se encuentra aún en una posición vulnerable en su carrera y puede recibir represalias en su contra. Por eso mismo, Michael Balter aceptó mantener la confidencialidad.

Según Estudiante F, ella trabajó en San José de Moro como una estudiante graduada (Michael Balter ocultó la fecha por protección). Dice que con suerte no experimentó algún tipo de flirteo o acoso sexual de parte de Castillo Butters. Más bien fue testigo de sus comentarios sexistas. Entre otras cosas, Castillo Butters llamaba a las jóvenes que trabajaban allí como “pequeños conejillos de indias” (little guinea pigs).

Estudiante F experimentó seriamente casos de bullying e intimidación. Finalmente, cuando terminó su trabajo de campo en Perú, para su doctorado, pensó que podía dejar el proyecto en el pasado. Sin embargo, Castillo Butters la amenazó con demandarla por la información que había recolectado y que se podía encargar de evitar que Estudiante F pudiera culminar su doctorado. Ella se considera afortunada de haber culminado dicha fase de estudios con el apoyo de su supervisor. Sin embargo, le dijeron que quizás no podría trabajar en el Perú de nuevo. Gracias a sus contactos y amigos eso no se hizo real y pudo trabajar los siguientes años en el Perú, en otros proyectos.

En los siguientes años, Estudiante F, por medio de otros directores de proyectos arqueológicos y estudiantes graduados, supo que Castillo Butters les habló de ella como una persona nada profesional y difícil para trabajar conjuntamente. Castillo Butters se encargó de arruinar la reputación de Estudiante F y construir una, negativa. Por su parte, la agraviada se ha encargado de revertir la situación en los últimos años.

Para proteger la identidad de Estudiante F, Michael Balter sostiene que decidió no revelar la información que ella recolectó o cómo Castillo Butters hizo acuerdos con ella para que pudiera ser capaz de usar dicha información; aparte de decir que representaba el juego de poder más mezquino imaginable de Castillo Butters.

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