Segundo testimonio contra Marco Antonio Mazzini

No hace mucho tiempo que apareció un segundo testimonio contra Marco Antonio Mazzini, profesor en la PUCP y músico de profesión. Una vez más, como en los casos anteriores, la denuncia apareció publicada en la página de Facebook “Profesores Acosadores Peruanos”. El nombre de la víctima tampoco ha sido revelado.

De acuerdo con el testimonio, la víctima solía admirar mucho a Marco Antonio Mazzini; tanto así que decidió llevar un curso con él. Cada vez que la clase concluía, el profesor acosador solía colocarse ante la puerta del aula para despedirse de sus estudiantes. La víctima cuenta que Marco Antonio Mazzini la abrazaba fuertemente al extremo de hacerla temblar. Esta no lo consideraba un gesto negativo, pero fue el inicio de un trato diferente de profesor.

Las clases solían ser largas, entonces el profesor solía dar descansos a la mitad de las sesiones. En uno de estos momentos, Marco Antonio Mazzini se acercó a la alumna para decirle que tenía algo en la cara y trato de quitarle eso. El gesto fue muy extraño para la estudiante, ya que jamás un profesor había tenido esas confianzas con ella. A partir de ese episodio la alumna empezó a sentirse muy incómoda —al extremo de notársele en la expresión facial—, pero no manifestó expresamente tal fastidio. Esto le lleva a la víctima a creer que Marco Antonio Mazzini se sintió incentivado para continuar con el mismo comportamiento.

La víctima confiesa que Marco Antonio Mazzini solía despedir a las alumnas con un beso cercano a los labios, tal como lo ha revelado la víctima del primer testimonio. Aparte de esto, cierto día, durante unos de los descansos, la alumna salió del aula para conversar con sus compañeros. El profesor Marco Antonio Mazzini salió siguiendo a la alumna. Luego la abrazó, pero esta no le devolvió el abrazo. Sin embargo, el profesor la tomó del brazo y la obligó a rodear su cuerpo forzando el abrazo y luego añadió un beso en la cabeza de su alumna. Como consecuencia de esto, la víctima deseaba que hubiese, en ese momento, un agente de seguridad para que sea testigo de lo que el profesor le había cometido.

Otra situación incómoda para la estudiante acosada fue el día en que la clase supo que ella cumplía dieciocho años. El profesor obligó a que le cantaran Happy Birthday. Hasta allí no había nada de malo salvo que el profesor se acercó al lugar de la alumna para un pequeño discurso y añadir que ella ya sería “una mujer”. La víctima, luego de estos incidentes, decidió no tomar más cursos con Marco Antonio Mazzini como también evitar cualquier contacto con este profesor dentro del espacio estudiantil ya que le generaba temor.

Transcurrido un tiempo, la alumna perdió la admiración por Marco Antonio Mazzini. Cierta vez el profesor le dijo “ya no me quieres”. La alumna no supo cómo reaccionar.

El testimonio continúa con un hecho ocurrido en la sección de logística. Allí volvió a estar cerca de Marco Antonio Mazzini. La alumna decidió dejar atrás lo sucedido y perdonarlo, pues creía que los hechos del pasado no se repetirían. El profesor se acercó a conversarle y repitió la historia de “tienes algo en el pelo”. Así, consiguió tocarle el cabello de la misma manera que en la primera ocasión, sin aviso ni consentimiento previo.

El más reciente incidente que fastidió a la alumna acosada fue en el evento “Jam en Casa” en la escuela. Allí, los alumnos y profesores pueden tocar libremente. Marco Antonio Mazzini, al final del evento, se acerco a la alumna y le preguntó por qué había estado muy seria. Esto incomodó a la estudiante pues significaba que el profesor la estuvo observando.

A lo largo de este tiempo, reportando los casos de acoso sexual vinculados de una u otra manera con profesores de la PUCP, hemos encontrado una constante: los docentes creen que ese grupo de alumnas a las cuales deben inculcar conocimientos también son una fuente de mujeres para saciar sus deseos carnales y tal vez afectivos.

Visto este segundo caso de Marco Antonio Mazzini encontramos en él a una persona que carece de escrúpulos o empatía en su afán de encontrar romance o satisfacción sexual en sus alumnas. Ese afán, tal como se ha manifestado, se materializa transgrediendo reglas de respeto establecidas, reglas del campus universitario hechas para una coexistencia que no vulnere al débil, en este caso a sus alumnas. Es realmente una vergüenza para la PUCP que tolere este tipo de excesos sin que intervenga decidida y acertadamente.

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